domingo, 24 de junio de 2012

Capitulo XLII. El Tiempo hasta hoy



En estas memorias da la sensación que me olvide de mis otros dos hijos, Juan José y Alex, pero no fue así.
Juanjo se casó con Elena y me han dado dos nietos, Natalia y Alejandro. De este hijo me gustaría decir muchas cosas, que es excepcional en valores y amante de la familia.
Tanto Juanjo como Alex jamás me dieron ningún problema, por lo tanto, me siento orgulloso de tener unos hijos como ellos.
No podría dejar de comentar que a pesar de las adversidades que me ofrecía la vida, fui afortunado al conocer a la mujer que compartió conmigo toda una vida.
Los dos unimos nuestras vidas en los primeros años de nuestra juventud, y nos preparemos para afrontar  lo que la vida tiene de bueno o de malo. En nuestro caso las penas ganaron la partida. Pero con la fuerza de nuestro amor logremos superar las adversidades dándonos fuerzas el uno al otro para seguir hacia delante y no hundirnos en la desesperación.
Nuestros años de juventud han pasado y hemos ido envejeciendo al mismo tiempo que hemos criado a nuestros hijos, y de los años vividos nos ha quedado el convencimiento,  que el envejecimiento es como escalar una montaña, mientras vamos subiendo nuestras fuerzas disminuyen, pero al mismo tiempo nuestra mirada abarca más el horizonte y es más libre y serena.
Para mí lo primero es mi esposa y lo seguirá siendo hasta el resto de mis días, ella fue  la que me dio la fortaleza y el apoyo suficiente para no rendirme y seguir delante. Por ello pienso, que tuve suerte al elegir a esta persona, pues como madre y esposa siempre estuvo en el lugar adecuado y según circunstancias. Como ama de casa tiempo le sobró para que prevalezca el orden y la más perfecta armonía- y yo me pregunto, de dónde saca esta mujer el tiempo después de atender a tanta familia…
Por ello y por ser la mujer que amo le dedico estas memorias.
José Antonio Sánchez.


Una gran familia, José Antonio, Francisca. Isabel, Juanjo, Alex, Raquel y Noe

 















 









 
 
LOS QUE SE FUERON Y VIVEN EN NUESTOS CORAZONES.
Domingo, Paquita, Jorge.


Por último, quiero cerrar estas memorias con un poema póstumo a la mujer que me dio la vida y que tanto añore.
  ¡¡¡ Mi madre Isabel!!!


 
Isabel, año 1909/2004
Aquella triste mañana mi madre no despertó, al perderla para siempre nos destrozó el corazón.
 Tras recibir la noticia no tardamos en llegar, rotos por el dolor y derrotados por la indefensión.
 Las palabras del doctor derramaron nuestras lagrimas se moría nuestra madre y no se podía hacer nada.
Ante la trágica noticia que perdíamos a nuestra  madre nos envolvió la oscuridad y nuestra impotencia fue grande.
Abandonó este mundo sin poder decirnos nada, pero en la expresión de sus ojos aun se podía ver el amor que derrochaba.
Temerosos por nuestra flaqueza y ante aquella cuchillada por la vida en la que vivió y sin poder hacer nada.
Con su fortaleza y en vida, a todos nos protegió, pero en un momento fatídico para ella todo acabó.
Ya nunca sería igual y empezamos a sufrir dudando si en el coma profundo, aún nos podría oír.
Si pensaría en nosotros, si nos vería, y lo más terrible para todos... si sufriría.
Y aquella llama de vida que tanto nos protegió, a pesar de nuestro llanto, pronto se languideció.
 En aquel lapso de tiempo y abstracto para nosotros nos envolvió la oscuridad y un vacío tenebroso.
La capacidad en el mutismo y la esencia de la nada en aquellos escasos minutos se apoderaron de nuestra alma.
Y pensamos que aquel tiempo fue injusto con nosotros ¿Qué menos que una despedida?, ¿qué menos que unas palabras.
 No pudo ser así, el tiempo nos traicionó, se detuvo para ella y nos destrozó el corazón.
Unidos como una piña, sus cinco hijos velamos los resquicios de su cuerpo y quedamos aletargados.
No dejamos de mirarla y la cubrimos de besos anegando aquella sala de lágrimas y de lamentos.
En aquel lecho de muerte el sufrimiento era grande, intentamos transmitirle que nunca hubo culpables.
Que para sus hijos fue todo, que siempre fue nuestro apoyo y con ella se llevaba una parte de nosotros.
 Aquel templo para nosotros era solemne y frío, y el ataúd de mi madre nos causaba escalofríos.
Y con ella se fueron todos los sufrimientos que le acompañaron en vida.
 Sus secretos y sus temores, su orgullo y sus pasiones, sus desengaños: ¡Cuántos desengaños y lucha sufrida!; y lo de cada hijo con sus tragedias y desdichas…
Josan

 

 


 

 

 

 

 

 

             

 

 

 

Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...