miércoles, 27 de junio de 2012

Capitulo XXXIX. Una brutal agresión.


Me encontraba trabajando en la fábrica cuando recibí una llamada telefónica de mi esposa que habían llamado de una clínica de Sabadell pidiendo permiso para operar a Paquita urgente.
Puse el coche en marcha con dos de nuestros hijos, Alex y Raquel al considerar que eran demasiado pequeños para dejarlos en casa y cuando llegamos al hospital habían operado a Paquita.
Desde este capítulo agradezco a mis hermanas que acompañaran a mi hija en la clínica en aquellas circunstancias tan dramáticas.
Hablamos con el médico y nos enteramos que habían tenido que extirparle el bazo por una brutal agresión que sufrió del esposo. Aquella noche mi esposa quedó en la clínica acompañando a mi hija mientras que yo lleve a los niños en mi coche a casa de mi hija Isabel. Al mismo tiempo que conducía me esforzaba para contener el llanto y que los pequeños no se enteraran de lo que sucedía, pero Alex aunque pequeño intuía que algo grave sucedía y preguntaba con insistencia:
Qué te pasa papa?
Cuando llegué a casa de Isabel le conté lo que le había sucedido a su hermana y trató de consolarme pero mi pena era muy grande y no podía controlarme.
Al día siguiente fui a ver a Paquita y la encontré un poco mas mejorada, suficiente para contarme el porqué de aquella  brutal agresión.
Por disputa en el consumo de la dosis su esposo le propinó una brutal agresión delante de los niños y huyo dejándola abandonada a su suerte.
Gracias a la intervención de los vecinos que la llevaron al hospital evitaron que muriera  desangrada.
Cuando estuvo un poco mas recuperada la dejamos en la clínica y nos trajimos a sus hijos a mi casa en Monzón.
A la semana siguiente fuimos de nuevo a verla y nos dijeron en la clínica que le habían dado el alta. Una vez que dimos con ella nos comunicó que el médico deseaba hablar con nosotros, me dirigí a la clínica muy preocupado y la noticia del médico me dejó un sabor muy amargo.
A partir de aquel momento la tristeza inundó mi corazón “Mi hija tenía el VIH”
Siempre tuve fe en que la sacaría del mundo putrefacto de las drogas para que viviera una vida normal con sus hijos, pero ante aquella noticia fatídica mi fe se vino abajo a sabiendas de que su fin podría estar cerca, y a pesar de la tristeza que inundaba mi corazón intentaba sonreír para que no se diera cuenta de mi pena.
Regresamos a Monzón con nuestra hija y como el piso era pequeño instalemos unas literas para que hubiera espacio donde no lo había y poder acomodarnos la familia.
A Isabel le afectó mucho la crisis que sufrimos en España en los años 80 para trabajar en el supermercado, hasta el extremo de quedarse sin trabajo y no poder encontrarlo en Barcelona.
Viendo su situación me los traje a casa esperando que tuvieran más suerte. En Monzón tenían la posibilidad de trabajar aunque fuera recolectando fruta.
Lo negativo para convivir tanta familia fue la falta de espacio en un piso pequeño.
Para paliar aquel inconveniente busqué una pequeña casa a Paquita para que viviera con sus hijos pagando el alquiler al no disponer de medios económicos.
Mi hija Isabel y su esposo después de encontrar trabajo alquilaron un pequeño piso y en el nació una niña a la que pusieron de nombre Sara. Después vino Alan y más tarde Joel.
Un año más tarde Paquita conoció a un chico y se fue a vivir con ella en la casa que en su día busque para ella. Durante un tiempo me eximí de  pagar gastos de alquile, pero como casi siempre suele ocurrir en el mundo oscuro de las drogas al final surgen las desavenencias y terminan con la ruptura.
Todo volvió a la situación anterior y empecé a pagar de nuevo los gastos que conlleva una casa.
Paquita iba de mal a peor hasta llegar el día que la su situación se hacía insostenible para todos.
Ante el desamparo de mis nietos solicité la tutela a la Diputación General de Aragón para traérmelos a mi casa. Después de un estudio exhaustivo no pusieron objeción y me concedieron la tutela.
Pero aún tendría que aumentar más mi familia.
El 28 de septiembre del año 1988 en el hospital de Barbastro nació mi hija Noemí.
Ante aquel acontecimiento de alegría nunca olvide las palabras de Paquita cuando fue a ver a mi esposa a la clínica.
Papa esta niña será mí sustituta…
Noemí durante su infancia fue el capricho de  padres y hermanos, obviamente le dimos demasiados mimos y en el transcurrir del tiempo se verán los resultados, de momento es excesivamente nerviosa y tiene un carácter muy fuerte. Esperemos que según vallan pasando los años  se tranquilice.









Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...