viernes, 29 de junio de 2012

Capitulo XXXVII. Regresamos a Barcelona con Paquita


Paquita Sánchez



Después de hablar con Paquita fuimos conscientes que hicimos lo correcto al evitar contactar con el narco a sabiendas que portaba un arma de fuego, ya que en el estado de nervios que me encontraba habría sido muy desafortunado para ambos.
Nos despedimos de la dueña del hostal satisfechos por la recuperación de mi hija y nos dirigimos a la casa del tío Bernardo en Vélez-Rubio en la que también vivía mi madre.
Mi madre se extrañó de nuestra imprevista visita y pensó que algo malo nos había sucedido, tratemos de tranquilizarla mintiéndole que habíamos pensado darle una sorpresa para no hacerla sufrir por nuestros problemas.
Estuvimos dos días en compañía de ambos antes de irnos a Barcelona.
Nunca me ha gustado curiosear el bolso de las mujeres pero a sabiendas de la adicción de mi hija no pude evitarlo y encontré lo que sospeché.
Muy enfadado y aprovechando que estábamos solos dije gritando, mira lo que hago con esta porquería que te está matando.
Espacié la droga sobre el suelo y la pisé repetitivamente para que se mezclara con la tierra. Aquella noche mi hija se puso muy enferma con temblores y quejándose. Le dije de avisar al médico pero rotundamente se negó diciendo que pronto se le pasaría.
Más tarde supe que su malestar se debió al mono que sufren los adictos a las drogas cuando le falta la dosis. Pero en aquellos años ignoraba todo lo relacionado con este odioso mundo, Estuvimos dos días con mi madre y regresamos de nuevo a Barcelona.
Llegamos a casa satisfechos de haberla recuperado y empezamos una vida normal con mi hija, estaba dispuesto acogerla de nuevo en mi casa y darle una oportunidad para rehacer su vida.
Mi ilusión fue poco duradera, apenas llevaba una semana en casa cuando desapareció con el niño dejando una nota escrita que decía que no la buscáramos mas, que se iba de nuevo con el hombre que la separe en contra de su voluntad.
Quedamos muy afectados por su decisión y fuimos conscientes que todo el esfuerzo para apartarla de las garras de aquel indeseable no sirvió  para nada.
Tristes y desolados fuimos conscientes que nos encontrábamos en un callejón sin salida y aceptamos su decisión.
A las dos semanas de abandonarnos apareció de nuevo en casa con el niño diciendo que se encontraba muy feliz y que no le faltaba el dinero, como prueba enseñó unos cuantos billetes de dólar.
Que llevara divisa americana nos extrañó, pues en la época de la dictadura la gente humilde no utilizaba esta moneda y me convenció aun más de que aquel sinvergüenza era un narcotraficante. Ante el panorama tan desagradable hice saber a mi hija que podía venir a casa con el niño todas las veces que quisiera, pero que no se le ocurriera traer al villano porque no deseaba conocerlo.
Durante el tiempo que estuvo con el narco continuó visitándonos todas las semanas hasta que ocurrió lo que era de esperar. Fue detenido y más tarde me enteré por ella que se había ahorcado en la cárcel.
Muerto el narco volvió a reconciliarse con Jesús María, pero enganchados los dos a las drogas les esperaba un futuro incierto y difícil de sostener.




Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...