jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi padre. 1937



Mi nacimiento tuvo lugar en plena guerra civil española en el municipio de Taberno, (Almería) año 1937, y ocupé el cuarto lugar de tres hermanas, Isabel, Ma Dolores y Rosa. Estas son mis hermanas, las que quiero y adoro con todo mi corazón, ellas fueron las que me cuidaron en mi más tierna infancia renunciando a mi favor a lo más elemental para su subsistencia.
Mi madre fue una mujer excepcional, gracias su fortaleza impidió que sus hijos murieran de hambre. No le importó exponer su vida por sus hijos.
A pesar de haberlo dado todo sin esperar nada a cambio se vio privada del derecho que toda madre debe de tener: el disfrute de sus hijos.
Conservo recuerdos aunque un poco borrosos del cortijo donde nací de Los Herreros, pero por más que me esfuerzo no logro abrir el archivo que debe de haber en mi mente para recordar a mi padre. Sin duda su muerte acaeció siendo muy niño.
En aquellos años de incertidumbre de nuestra posguerra mi padre labraba la tierra en una finca arrendada para sobrevivir.
Un fatídico día se pinchó el pie con una hoz, y después de perder el tiempo con curas caseras mi madre decidió llevarlo a un hospital en Almería.
Allí permaneció ingresado algún tiempo intentando salvarle la vida, pero la gangrena era imparable por el  avanzado estado de la lesión...
El accidente de mi padre conllevó que quedáramos los cuatro niños en desamparo por acompañarle mi madre durante su enfermedad.
Nuestra situación fue a peor. Mi hermana Isabel con tan solo diez años se vio en la necesidad de responsabilizarse de sus hermanos más pequeños.
La caridad de los vecinos, cuatro cabras y unas cuantas gallinas, fueron los únicos recursos disponible para subsistir.
La leche y los huevos nos ayudaron en parte  a no perecer de hambre.
Ante la grave situación y a sabiendas que la enfermedad de mi padre se alargaba, los vecinos aconsejaron a mi abuelo que nos acogiera en su casa por desamparo, gracias a sus consejos mi abuelo acepto, pero condicionó su ayuda a la colaboración en partes iguales con mi abuela materna. Llegados a un mutuo acuerdo, mis hermanas Ma Dolores y Rosa fueron a vivir con la abuela materna a Santopetar, mientras que yo me quede con mi hermana Isabel en el Bancalejo viviendo con mi abuelo paterno.
Obviamente, que mis hermanas, Ma Dolores y Rosa, fueron favorecidas, ya que mi abuela materna quería a sus nietos con locura.
Peor suerte tuvo mi hermana Isabel. Mi abuelo paterno además que era tacaño era una persona de los de ordeno y mando y mi abuela tenía la libertad muy limitada.
En lo que respecta a mí, tuve la suerte de no pasarlo tan mal, pues gracias a la astucia de mi abuela, y siempre actuando  sin saber nada mi abuelo me hacia unas tortitas de harina para evitar que pasara hambre, en aquel momento tenía  tres años.
El llegaba a controlar hasta el pan.
A la hora de cenar como estaba satisfecho de tortas no tenia gana de comer, por lo que reprimía a mi abuela que me tenía arto de pan, esta salía del apuro haciéndole ver que el pan estaba como lo dejo él, “sin tocar”. Una vez que lo revisaba se daba por satisfecho creyendo que le originaba poco gasto.
A pesar de tener solo diez años mi hermana, la obligada a trabajar muy duro para ganar los escasos alimentos que consumía. 
Mi madre llegó a empeñarse tratando por todos los medios de salvar a mi padre, pues en aquella época los que tenían la desgracia de enfermar tenían que pagar todos los gastos de médicos y medicinas, ya que no existía como en la actualidad protección sanitaria.
Al carecer de recursos para pagar las facturas originadas por el accidente de mi padre, mi madre se vio en la necesidad de vender la tierra que heredó de sus padres por negarse mi abuelo a vender la parte que le correspondió en herencia a mi padre y ser usufructuario de dicha tierra.
Aparte de nuestro drama, lo que más me duele y me dolerá mientras viva fue, que estando mi padre tan grave mi abuelo advirtiera a mi madre, que tuviera cuidado con los gastos que originaba de médicos si no disponía de dinero para pagar, pero aún me duele más que no se dignara en visitar a su hijo en el último momento de su vida. La mala fortuna le acompañó hasta en la agonía, pues murió en la más completa soledad sin nadie de la familia, ya que mi madre en estado avanzado de gestación regreso al Taberno para alumbrar a mi hermano Domingo.
En aquellos años de incertidumbre de la guerra civil de España, la pérdida de mi padre fue para mi madre e hijos una tragedia, sola y sin ayuda de nadie tuvo que alimentar a cinco niños pequeños, en un país donde cada cual defendía su supervivencia aunque tuviera que emplear la fuerza física. No existía la compasión ni la caridad para nadie, ni siquiera para la desesperación de una madre que pide un trozo de pan para sus hijos hambrientos.
Mi madre nunca se rindió en su lucha por sacarnos adelante, aunque para para conseguirlo tuviera que enfrentarse a tiros de escopeta.
Ella fue siempre una mujer fuerte, e incluso en aquellos años de discriminación de las mujeres respecto a los hombres se supo imponer demostrando fortaleza, y exigiendo en las fincas rurales que realizaba las labores del campo su equiparación al salario masculino al desarrollar el mismo trabajo.

Partida de mi nacimiento









 

 

 

Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...