lunes, 2 de julio de 2012

Capitulo XXXII. Amaneció un nuevo día para mí.




Ante el desastre que estaba viendo empecé a llorar sin atreverme a dar un paso más, en el espacio que antes ocupaba la habitación supuse que estaría enterrada mi esposa y el bebe antes de nacer en el fango.
Esto pensaba cuando se acercó a mí una señora para decirme.
No llores hijo, tu esposa se ha salvado, vete al Bar Ramonet que allí esta.
No podría expresar con palabras la alegría que me causó aquella mujer, jamás recibí una noticia que me causara tanta satisfacción. Después de darle las gracias me dirigí a toda prisa al lugar indicado y encontré a mi esposa llorando medio vestida, pues solo llevaba puesto el pijama que utilizaba para dormir y una chaqueta de hombre que alguien le había dejado.
En aquel momento amaneció un nuevo día para mí y fui consciente de lo mucho que la amaba, y me prometí a mí mismo que siempre tendría mi apoyo  y mi cálida compañía, que no estaría sola y compartiríamos juntos los momentos de felicidad o de desolación que nos depare la vida.
Llorando y nerviosa me contó que estaba viva gracias a un hombre que al oír sus gritos se dirigió al lugar que se encontraba y la sacó de aquel mar de lodo.
Según palabras de mi esposa al oír a la gente gritar se despertó, y al apoyar los pies en el suelo para levantarse detectó agua en la habitación, asustada y sin llegar a vestirse intentó abrir la puerta de la calle para huir, pero una tromba de agua la lanzo contra suelo y sus gritos acudió su salvador.
Abrazados y llorando nos dirigimos a casa de mi hermana Rosa.
Mi hermana trató de consolarnos y nos acogió durante varios días en su casa.
Al día siguiente cuando mejoro un poco el tiempo volví de nuevo al lugar que ocupaba la vivienda antes de que se la llevara el agua.  
Imposible de recuperar nada, perdimos todo incluidos documentos y quedamos solo con la ropa que llevábamos puesta.
No obstante y a pesar de la desgracia podíamos contar con el piso que nos concedido la empresa en la que trabajaba, y aunque no disponíamos de muebles ni utensilios de cocina, ni ropa para cambiarnos, salimos adelante con las ayudas de la antigua Sección femenina de Falange, Nacionales e Internacionales que fueron distribuidas entre los afectados según las pérdidas sufridas.
Amueblemos el piso con dichas ayudas y empezamos vida nueva en nuestra flamante vivienda esperando el nacimiento de mi hija Isabel.
En aquel tiempo todos mis hermanos vivían en Cataluña, teníamos buenas relaciones y nos visitábamos con frecuencia.
Mi hermano Domingo después de sufrir tantos avatares en su niñez le deparó suerte la vida casándose con una buena mujer. En cuanto a mi madre continúo un tiempo en Taberno haciendo viajes esporádicos a Barcelona y viceversa. Como siempre durante el tiempo que permanecía en el pueblo engordaba un cerdo y hacía la matanza para llevarla a sus hijos a Barcelona. Como no me canso de repetir cuando se trataba de sus hijos todo era poco para ella.
Por un periodo de tiempo vivió con una de mis hermanas imposibilitada en una silla de ruedas en un estado casi terminal; su mente no coordinaba y era incapaz de mantener una conversación con sus hijos, los hijos por los que lucho para sacarlos adelante, en su memoria solo quedaban sus nombres y los llamaba insistentemente, obviamente vino al mundo solo para sufrir, en la actualidad la recuerdo con amor y mi mente no para de procesar aquellos recuerdos lejanos en el tiempo como si de una película se tratara. Visualizo su sufrimiento y pienso en la mujer que me dio la vida y que tanto añore. No obstante, intento hacerme el fuerte y trato de acallar recuerdos que perturban mi mente y no logro desterrar aunque lo intente. Pero creo que de nada me sirve reprimirlos y negarlos afirmando que no existen. Solo puedo observarlos sin dejarme arrastrar por ellos, ya que algo en mi interior me dice que aleje esas lágrimas que están a punto de aflorar de mis ojos, y aunque me resisto no lo consigo y me dejo llevar por mis sentimientos.




Aquí viví 25 años de mi vida y nacieron mis hijos.





Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...