lunes, 2 de julio de 2012

Capitulo XXXIII. El Nacimiento de Nuestros Hijos.1960-1988


Nos preparamos para recibir a nuestra hija y le asignaron a mi esposa la comadrona en la localidad de Ripollet.
En aquel tiempo y siempre que no existiera peligro para la madre el niño nacía en su casa con la asistencia de una comadrona, en nuestro caso los problemas afectaron hasta en el nacimiento de nuestro bebe.
El día cuatro de noviembre sobre las veinte horas mi esposa empezó con dolores de parto, con tan mala suerte que al mismo tiempo se originó una enorme tormenta similar a la que nos dejó tan malos recuerdos, con la particularidad de que el piso estaba situado a las afueras del pueblo y no disponíamos de teléfono ni coche, y aún empeoro más la situación al quedarnos sin fluido eléctrico y disponer solo de una vela para alumbrarnos.
Mi esposa seguía sufriendo fuertes dolores y yo sin saber que determinar, finalmente decidí dejarla con mi suegra y una vecina que se ofreció para ayudar mientras iba en busca de la comadrona.
Ésta vivía al otro lado del río, unos tres kilómetros de mi casa.
Cuando llegue al rio que tenía que cruzar me quede desorientado, el único puente que había para cruzar se lo  había llevado el agua.
Retrocedí para reflexionar y en aquel mismo momento me acorde de otra comadrona que vivía en mi localidad (Cerdanyola), y pensé, que aunque no era la que le asignaron a mi esposa si le explicaba la situación posiblemente la podría atender.
Sin saber en qué calle vivía y lloviendo a raudales busqué a la deriva la casa de aquella señora y golpee en su puerta repetitivamente hasta que obtuve respuesta desde una ventana, esta vocifero en voz alta qué si estaba loco y qué demonios me pasaba.
Pedí disculpas por la forma de mi proceder y le rogué encarecidamente que mi esposa tenía dolores de parto y necesitaba su ayuda. Después de escuchar mis suplicas se predispuso ayudarnos y mando que buscara un taxi para desplazarnos. Lo intenté pero fue imposible con la lluvia que estaba cayendo, contando que los taxis que había en aquella época en la localidad eran muy pocos.
Finalmente, la comadrona llamó a un taxi desde el teléfono de su casa y no tardó en presentarse.
Nos dirigimos a casa a toda prisa temiendo lo peor por la falta de asistencia cualificada aparte de la buena voluntad de mi suegra y vecina.
La comadrona dio la orden al taxista que esperara en la calle hasta que avisara, pero a falta de agua y luz determino su traslado al  Hospital Clínico de Barcelona.
Pero no contábamos con otra desagradable sorpresa, las calles de las viviendas no estaban asfaltadas y se atascaron las ruedas en el barro, el taxista enfadado por el mal estado de la calle, pidió un pico y una pala para echar tierra delante de las ruedas delanteras e intentar sacar el coche de aquel barrizal.
Desesperado al carecer de las citadas herramientas me dirigí a toda prisa a la fábrica donde prestaba mis servicios, unos  trescientos metros. Me dejaron las herramientas y logremos sacar el coche para dirigirnos al hospital.
Aparte de aquel contratiempo fue todo bien, y mi hija Isabel vio la luz por primera vez el día cinco de noviembre de 1962.
Era una niña preciosa y vino al mundo para alegrarnos la vida y sacarnos de la tristeza y melancolía que hasta la fecha nos había acompañado.
Fue pasando el tiempo y siendo conscientes que a Isabel le faltaba una hermanita para compartir sus juegos escribimos  a la cigüeña y fuimos complacidos.
El doce de enero de1964 a las cuatro de la mañana con una diferencia de edad de catorce meses vino Paquita, otra niña que por un corto periodo de tiempo nos alegro la vida.
Isabel era preciosa pero Paquita no quedaba atrás, para sus padres eran guapísimas.
Pasamos unos años de felicidad y recursos  economicos   gracias a la suerte de trabajar en una buena empresa. 
Saqué el permiso de conducir y compramos un coche y televisión ¡Un lujo en aquel tiempo! Así que visto desde la distancia de aquellos años no podemos quejarnos.
Los veranos en vacaciones cogíamos nuestro coche e íbamos a nuestra tierra (Almería) alternando los días de disfrute entre  mi suegra y  mi madre. En uno de aquellos viajes se vino con nosotros mi cuñada Adelina hermana de mi esposa, tenía siete años y estuvo una temporada con nosotros, pero echaba en falta a su madre y aprovechó un viaje de mi hermana Rosa a Taberno para regresar.
Quedaba claro que nuestra familia iba a ser numerosa, a dos años del nacimiento de Paquita la cigüeña nos visito de nuevo con mi hijo Juan José, doce de julio de 1966 a las siete de la mañana.
Igualmente que con Isabel y Paquita su nacimiento nos lleno de satisfacción, y  criábamos a nuestros hijos sin privaciones.
En mil novecientos sesenta y siete recibimos un telegrama de mi suegra que su esposo estaba grave, preparamos el viaje de mi esposa y cuando llegó habían enterrado a su padre.
Mi suegra quedó muy afectada, pues tuvo que hacer frente ella sola a unos años difíciles con la economía por los suelos e hijos pequeños.
Hay un refrán que dice Dios aprieta pero no ahoga, en este  caso fue acertado al conocer a José.
José vivía en Andorra y en dicha localidad formaron pareja durante unos veinticinco años. Con José su vida dio un giro de 180 grados y hasta el fallecimiento de su pareja vivió años  progreso y felicidad.
El  6 de marzo de 1970 a las 22:45, la cigüeña fue de nuevo generosa, en este caso nos dejó a mi hijo Jorge. 
De siete miembros de familia pasemos a ser ocho, igualmente seguimos viviendo con holgura, como dice un dicho, donde comen cinco lo pueden hacer seis…


Inundación en Ropollet. año 1962




Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...