domingo, 1 de julio de 2012

Capitulo XXXIV. El accidente de Ramón 1974






Ramón
En aquel tiempo vinieron a vivir con nosotros los hermanos de mi esposa Adelina y Ramón, que al no encontrar trabajo en Almería en Barcelona encontraron los dos, y a pesar de que el piso era pequeño logremos un hueco para ellos durmiendo en literas. 
A Ramón y a Adelina los quiero como se quieren a los hermanos por su  comportamiento conmigo.
Un día que me tocaba hacer turno de noche en el trabajo al llegar los compañeros para efectuar el relevo comentaron que habían presenciado un terrible accidente de tráfico y habían muerto los cuatro ocupantes de uno de los vehículos que colisionaron.
Al llegar a casa y antes de ir a dormir se lo comente a mi esposa ignorando que uno de los fallecidos era mi propio cuñado.
A las once de la mañana se presentó en casa un policía a traernos aquella mala noticia, a todos nos afectó mucho y avisamos a mi suegra y cuñados Juan y Ana que vivían en Andorra y Domingo en Francia.
No tardaron en hacer acto de presencia, pero el trago más amargo me tocó vivirlo a mí cuando tuve que desplazarme al depósito de cadáveres para el reconocimiento ante el forense.
El cuadro que vi no pudo ser más horroroso y desagradable.
Los cuatro cadáveres estaban carbonizados y encogidos con las manos sobrepuestas sobre sus caras, como si hubieran pretendido protegerse del horror que se les venía encima.
Sus caras eran irreconocibles, finalmente recordé que dos años atrás mi cuñado sufrió un accidente de moto y le dejo una cicatriz en la cabeza y se lo indiqué al forense por si le podía ser útil para su reconocimiento. 
Se puso unos guantes y empezó a palpar las cabezas de los jóvenes, y al llegar a mi  cuñado dijo en voz alta “Es este”. La verdad que quede muy afectado y nunca  logre olvidar aquel horror, pues tengo que decir que soy una persona muy sensible y hubiera preferido no tener que pasar por aquel trance.
Ramón era muy especial y nunca llego a tener algo suyo, pues lo poco que tenía era de todos.
Lamento mucho que nos dejara cuando apenas había cumplido veintiún años. Pienso que intuía que su vida no iba a ser larga por estar siempre insistiendo que su fin estaba cerca, incluso unos meses antes de morir se hizo un seguro de enterramiento. Fue como si pretendiera no molestar a nadie de la familia con los gastos del entierro.
La última vez que lo vi vivo estuvo ayudándome a adornar el árbol de Navidad. Se fue pero no sin antes dejar apartados para sus sobrinas los juguetes de Reyes. Los pocos años que vivió estuvo al servicio de los demás y pasó por esta vida sin encontrar la felicidad.
Después de la trágica muerte de Ramón pasamos unos cuantos años de tranquilidad y de bienestar al lado de nuestros queridos hijos y mi cuñada Adelina.
Pero Adelina en un viaje que realizo a Andorra para ver a su madre conoció al amor de su vida y quedó a vivir en dicha localidad, fruto de su matrimonio nacieron dos niñas, Natalie y Cristina.
Como de costumbre nuestra amiga inseparable la cigüeña volvió a visitarnos de nuevo (13/06/79) Esta vez trajo un niño precioso y le pusimos de nombre Alejandro, o Alex, como cariñosamente llamamos. 
Pasaron años y en mi casa reinaba felicidad y armonía, pues tuve la suerte de casarme con una mujer de valores y amante de las buenas costumbres, y si retrocediera en el tiempo sería de nuevo mi elegida.
Veintitrés meses después de nacer Alejandro, 09/05/79 nace Raquel en una clínica de Sabadell.
Raquel es una persona sentimental y amante de la familia, y aunque de vez en cuando discute con sus hermanos como dice el refrán la sangre no llega al río, ya que a los cinco minutos se le ha pasado el enfado y está en armonía con todos como si no hubiera pasado nada. Además, es generosa y lo que ella tiene es de todos. Claro que mientras siga así difícil lo tiene para ahorrar un €uro.



























Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...