domingo, 1 de julio de 2012

Capitulo XXXV. El comienzo de un nuevo calvario. 1975



A Paquita le encantaba tocar la guitarra flamenca y lo tomó tan en serio que en poco tiempo se convirtió en niña prodigio, pues antes del año de aprendizaje con tan solo trece años fue nombrada guitarrista oficial en la casa de Andalucía de Mataró.
Mi hija creó en nosotros una gran ilusión, no porque dominara el arte de la guitarra, sino por el amor que siempre manifestó a sus padres y hermanos. 
En el aspecto profesional mejoraba hasta el extremo de no poder atender todos los compromisos por falta de tiempo.
En casi todos los desplazamientos para actuar la acompañaba y como padre no podía evitar mi emoción cuando sentía los aplausos.
Pero igual que creó una ilusionó nos causo a todos sufrimiento durante muchos años y en mayor medida a sus padres.
Como teníamos coche propio aprovechábamos los días de descanso para disfrutarlos con nuestros hijos en la playa, y uno de los domingos que mi esposa se encontraba en la cocina preparando algo de comida para llevar timbro la puerta una vecina mayor que vivía en el 1º piso con su hijo, aquella señora era de nuestra tierra de origen y la relación con nosotros era casi familiar. La pobre mujer estaba depresiva desde hacía años y determinó que desde el 5º piso le saldría mejor que desde su vivienda lo que tenía previsto.
Le abrimos la puerta invitándola a que pasara y le preguntó a mi esposa si le dejaba ver las plantas, nada que extrañar al gustarle  mucho las flores.
Amablemente mi esposa abrió la puerta del balcón para que las viera mientras que ella seguía en la cocina preparando los alimentos para llevar.
De repente Paquita empezó a gritar, desorientados ante el anormal comportamiento le preguntamos a que se debía el ataque de histeria, pero no podía pronunciar palabra y seguía gritando, después que le dimos unos golpecitos en la espalda balbuceó:
Que la señora Isabel se ha precipitado al vacío desde el balcón.
Por unos segundos quedamos horrorizados sin pronunciar palabra.
Finalmente reaccioné y al salir al balcón la vi tirada sobre el suelo en la calle.
Angustiado bajé las escaleras a toda prisa por no disponer de ascensor y cuando llegue observé que todavía respiraba.
Avisamos de inmediato a una ambulancia pero era demasiado tarde, estaba muerta.
Menudo problema que nos dejaba aquella mujer eligiendo mi casa para suicidarse.
Aparte del trauma que sufrimos tuvimos suerte de que la tragedia no nos perjudicara ante la justicia, su hijo que era para nosotros como de la familia declaró en el juzgado que posiblemente su madre tenía previsto suicidarse al visitar a toda su familia el día anterior como si pretendiera despedirse dándoles su ultimo adiós.
Fueron pasando años y Paquita tenia dieciséis cuando conoció al hombre causante de cambiar el rumbo de su vida y no para bien.
En principio traté de aconsejar a mi hija que terminara aquella relación con su novio a sabiendas de que frecuentaba el mundo de las drogas, pero mis consejos como padre fueron inútiles y cayeron en saco roto como se suele decir.
Ante la imposibilidad de apartar a mi hija de aquel sinvergüenza terminé por aceptar la relación e incluso nos acompañaba en mi coche cada vez que tenía alguna actuación en los festivales descritos anteriormente.
En una de sus actuaciones cuando había finalizado el festival un Sr se dirigió a mí para advertirme:
Haga el favor de ir a los aseos que creo que su hija tiene problemas.
De inmediato me dirigí al servicio y vi como lloraba mientras que su novio la empujaba con palabras obscenas que por ética preferiría no reflejar en mis memorias.
Al ver aquel panorama tan nefasto no pude contenerme y agredí al novio, pues como padre no podía consentir que insultara a mi hija y menos que le agrediera.
Todo nervioso me confesó que la había embarazado. Era lo que menos esperaba, fue como una bomba de relojería, creí volverme loco y fue cuando le agredí fuerte.
No pude controlar la adrenalina que estaba aflorando en mi desde hacia tiempo. Soy consciente de que obre mal, pero en aquel momento no fui dueño de mis actos.
Más tarde se casaron y buscaron una vivienda en alquiler, pero con el despilfarro que llevaban a cabo no veía viabilidad en su matrimonio. En los trabajos que encontraba no solía durar mucho tiempo y los honorarios que cobraba mi hija en sus actuaciones no eran suficientes para su despilfarro. Sabía que tarde o temprano pasaría lo que era de esperar. El dos de agosto del año 1981 mi hija tuvo el hijo que esperaba y le pusieron de nombre Israel.





Panorámica de la iglesia se Vélez-Rubio, (Almería)




Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...