domingo, 1 de julio de 2012

Capitulo XXXVI. Mi lucha para sacar a mi hija de la droga.




Paquita en una de sus actuaciones


Con Paquita sufrimos un verdadero calvario durante muchos años.
Aconteció que Jesús María, así se llama el esposo de mi hija, se presentó en mi casa para notificar que mi hija se inyectaba heroína y que un narco la había raptado con el niño.
Imposible describir con palabras el sufrimiento que produjo aquella noticia, desolados denunciemos los hechos y fuimos informados por la policía de la gravedad en que se encontraba mi hija.
Según la información de la policía Jesús María estaba enganchado a la heroína desde hacía años y posiblemente era el causante de la adicción de Paquita.
A falta de dinero para satisfacer su adicción determino irse con el narco para asegurar la dosis diaria.
Pasamos una semana horrorosas al no saber en qué lugar se encontraba ni el límite de gravedad.
Siendo sabedor de que Jesús María seguía en contacto con mi hija le pedí de favor que le dijera que nos llamara para saber cómo se encontraba.
A los ocho días de desaparecer sobre las veintiuna horas sonó el teléfono y pudimos escuchar su ansiada voz. Se encontraba en la provincia de Almería en un pueblo de la comarca de Los Vélez llamado María. Después de hablar mi esposa con ella intuimos que podría encontrarse en grave peligro y de mutuo acuerdo acordamos realizar un viaje relámpago para rescatarla de las garras de aquel villano, pero el problema residía en que no podíamos dejar solos a nuestros hijos siendo menores de edad, hablamos con mi vecina Fabiana y se ofreció para ayudar desinteresadamente.
Todo fue precipitado, pero una fuerza en mi interior me decía que estaba haciendo lo correcto. ¡Yo no podía dejar a mi hija en manos de aquel mal nacido! Y por encima de todo me propuse sacarla de la maldita droga que odio desde lo más profundo de mi alma.
Sobre las veintiuna horas subimos al coche y pusimos dirección a Almería llevándonos con nosotros a mis hijos Jorge y Alejandro mientras que los demás quedaron a cargo de mi vecina. 
Este precipitado viaje tenía por objetivo llegar al pueblo que estaba mi hija antes de que amaneciera, ya que según dijo por teléfono a la mañana siguiente se iban a Granada.
Pisé a fondo el acelerador e hice una única parada para repostar gasolina  y tomar un café, pues la distancia a recorrer eran setecientos kilómetros y si quería llegar antes de que se fueran tendría que correr lo que el coche me permitiera.
A las ocho de la mañana llegamos al pueblo de María y previamente tuve la precaución de informarme de la marca y matrícula del coche del indeseable, Renault 5 blanco matrícula de Barcelona.
María es un pueblo pequeño y tardé poco en encontrar su coche en el aparcamiento de un hostal, entramos y nos dirigimos directamente hacia una señora que vimos en la barra  para preguntar si se alojaban allí una pareja con un niño pequeño.
La mujer resultó ser la dueña y respondió afirmativamente, nervioso y muy alterado le pregunté si se había informado de la identidad de la persona que había alojado en su hostal. Le informe que era un traficante de drogas peligroso y que se había llevado engañada a mi hija con el niño, que venía expresamente de Barcelona a rescatarla y que estaba dispuesto a enfrentarme al narco si era necesario para conseguirlo, además de avisar a la Guardia Civil para que lo detuvieran.
La dueña ante mi nerviosismo trató por todos los medios que me calmara. Nos invitó a tomar un café y hablar tranquilamente del tema para intentar solucionarlo de la mejor forma posible.
Según la mujer debía de evitar el escándalo en su negocio por depender de su clientela y lo que pretendía hacer al tratarse de un pueblo pequeño sería muy negativo para ella.
Me propuso que avisaría a mi hija que sus padres habían venido de Barcelona a por ella para ayudarla.
Por mi parte un poco más relajado decidí seguir su consejo y esperar que avisara a mi hija.
Pensé que si estaba dispuesta a venirse con nosotros evitaríamos muchos problemas, lo único que me interesaba era recuperar a mí hija y al niño. Poco después la vi bajar por unas escaleras portando unos bolsos de viaje con el niño en brazos.
Nos beso sonriente con un simple hola como si nada hubiera pasado y dijo, vamos a casa…










Capítulo I. Taberno en 1937, Almería (España)

DEDICATORIA   Portada libro Quiero dedicar mis memorias a las personas que me ayudaron en la desventura de mi vida, a m...